EnTrópico

En su empeño primigenio y aún tan latente de aprehender el entorno visible, el arte no solo trazó los contornos del mundo verdadero. Representar la naturaleza, significó igualmente emular y aprender de esta sus procesos. Ciclos como la constante concate- nación: eclosión-evolución-decadencia-muerte-renacimiento, son también esencia de este otro universo. De ahí quizás el que la pintura –declarada muerta por artistas postminimalistas de finales de los años ’60 como el trascendental escultor Richard Serra— sea ahora más vigente que siempre, ofreciéndose como clara evidencia.

La presente apuesta pictórica de Juan Carlos Amador es afirmación del locus natural del artista, de su atiborrado follaje y su trillado colorido. Pero EnTrópico, según se avista entre sus estratos de gran densidad o etérea traslucidez, es también búsqueda y reconocimiento de las dinámicas cíclicas que se insertan en el parto creativo, así como de aquellas que a su vez lo hacen parte de un todo histórico de carácter evolutivo.

Este grupo de pinturas y de collages, conjunto de medios mixtos, de acrílico, óleo, aerosol, pastel de aceite y pasta de modelar, es el segundo estadio de una serie y evolu- ción que componen la obra misma de este artista. Iniciada formalmente bajo el nombre de Colorama y transitando de manera consistente entre la figuración abstracta y la total no objetividad, Amador acudía entonces al ejercicio de la pintura en un acto de purgar. Hurgó, en gesto paralelo, las vísceras de su psiquis adentrándose en las profundidades del medio, y al enajenarse metódicamente en su interés principal del color y sus infinitas relaciones tonales para depurarse, liberó asimismo a la pintura de excesos, de cargas narrativas y conceptuales. Centrarse en sus atributos puros o formales, fue toparse con su riqueza matérica, ofrecida en juego de colores, trans- parencias, veladuras y empastes; y así entregarse al oficio de la pintura por la pintura y sus muchas posibilidades.

Dentro del joven trabajo plástico de Juan Carlos Amador, EnTrópico participa del saldo de haber trascendido lo puramente personal en pos de ese gran léxico universal. En actitud precisamente entrópica y en clara alusión a su referente natural, el lenguaje artístico de Amador no solo progresa, se transforma, renueva y refuerza a raíz de lo perdido, sino que se sirve también para ello de los despojos que en sí mismo genera el proceso creativo.

En el desecho del excedente de estratos de pintura seca y de geles, en cintas adhesivas que impregnadas de color y luego de cumplir su función como demarcador se tornan descartables, el artista percibe el germen de lo que con ánimo de ser redimido incita a la experimentación en aras de convertirse en nueva creación. Del principal esfuerzo de ejecutar sus pinturas sobre lienzo, plagadas de abstractos patrones que no casual- mente parecen representar microorganismos y unidades celulares, eclosionan espontáneamente distintos tipos de collages. Pequeños, a diferencia de los formatos grandes que distinguen a las obras que le son germinales, es en ellos en donde verdaderamente sobresalen los aspectos materiales y procesales.

Atento igualmente a otro tipo de fenómenos marginales que para la obra de cualquier hacedor resultan esenciales, Amador reconoce la incidencia de distintos artistas, sean cercanos o distantes. En algunas obras se cuela tímido el guiño al colega, mientras que en otras se asoman pinceladas y formas que, provenientes del Puntillismo de Seurrat o de los recortes o “cut-outs” de Matisse, sustrae de la historia del arte en claro homena- je. De manera fortuita Amador conecta en orgánica concatenación el último desarrollo del padre del Expresionismo con los albores de su producción. Tratándose, además, dicho ocaso de una reinvención de su pintura en coloridos recortes de papel a la que el decaimiento físico lo empujó, la referencia a Matisse refuerza doblemente la entropía que de distintos modos permea esta exposición.

Es precisamente en el reconocimiento de ese ecosistema mayor, pero sobre todo en la construcción del suyo propio desde su correspondiente anclaje tropical, donde descansa el más importante acierto de esta exhibición. En su claro regionalismo, así como en la reutilización de sus materiales, en sus transparencias, texturas, colores y formas singulares, guiños y homenajes, EnTrópico es nueva conjugación en el lenguaje plástico de Juan Carlos Amador.

Irene Esteves Amador, Ph.D. Noviembre, 2019

EnTrópico I, 2019 Acrílico, aerosol y medio gel sobre lienzo 47”x 66”

EnTrópico IX, 2019 Acrílico, aerosol y pasta de modelar sobre lienzo 45”x 65”